Pablo En Atenas.
Pablo, en su incesante camino evangelizador, llega a Atenas, la ciudad de los grandes pensadores y filósofos, el lugar más cosmopolita de su época. Alli, movido por difundir su creencia y fe en Jesucristo, les habla a los atenienses, de un Dios que, al final de sus vidas, los Ilamará a cuentas. Sus oyentes, sin embargo, se muestran reacios a la predicación por su racionalismo de acuerdo a sus tendencias filosóficas.
- Pablo en Atenas.
- Pablo espera a Silas y Timoteo en Atenas. Ref. Hch. 17:16a.
- Atenas era una ciudad entregada a la idolatría. Ref. Hch. 17:16b; Jer. 8:20.
- Pablo discutía con los judíos y piadosos y en el mercado. Ref. Hch. 17:17.
- Cuando llega Timoteo lo envía a Tesalónica. Ref. 1 Ts. 3:1-5. (posiblemente Silas a Filipos).
- Algunos filósofos de los epicureos y de los estoicos disputaban con Pablo. Ref. Hch. 17:18.
- La curiosidad de los filósofos griegos. Ref. Hch. 17:19-20; Ro. 1:22; 1 Co. 1:19-21.
- Los atenienses: buscadores de novedades Ref. Hch. 17:21; 1 Co. 1:22b.
- Pablo en el Areópago:
- Pablo utiliza una artimaña para atraer la atención. Ref. Hch. 17:22-23;
- El Dios que anuncia Pablo. Ref. Hch. 17:24-27; 7:48-50; Is. 42:5; Neh. 9:6; Sal. 135:6.
- Los hombres son linaje de Dios. Ref. Hch. 17:28; Is. 55:6.
- Los hombres no deben hacer imágenes de Dios. Ref. Hch. 17:29.
- Dios manda que los hombres se arrepientan. Ref. Hch. 17:30.
- Dios ha establecido un juicio para el mundo, a través de Jesús. Ref. Hch. 17:31; Sal 9:8; 96:13; Ro. 2:16.
- Los atenienses se burlaron de Pablo. Ref. Hch. 17:32; Col. 2:8,
- Algunos creyeron las palabras de Pablo. Ref. Hch. 17:33-34; Jn. 1:12.
CONCLUSIÓN
El discurso de Pablo frente a los filósofos griegos indica que la salvación está abierta a todos los hombres, sin importar raza, lengua, credo o nación. Por ello, cada hijo de la Iglesia está llamado a la evangelización. Los creyentes debemos estar preparados para entrar en diálogo conciliador no sólo con las otras religiones, sino además con la ciencia y la sabiduría de este mundo, para conquistarlos para el Señor Jesús. La fe y la razón no se excluyen, sino que se complementan mutuamente.