La palabra dicha sigue firme.
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La Sagrada Escritura que es la palabra de Dios es firme y poderosa. Cuando Dios la internaliza por su Espíritu, convence, convierte y consuela. Permite la humildad en el alma orgullosa; que el espíritu perverso sea manso y obediente, los hábitos pecaminosos sean separados y cortados. Deja al descubierto los pensamientos, propósitos y las vilezas de muchos.
- Se precisa obedecer la palabra de Dios:
- Es viva y eficaz. Is 28:13; 2 Ti 2:9;
- Más cortante que espada de dos filos. Lc 2:35; Ro 9:6; Ef 6:17.
- Penetra hasta partir:
- El alma y el Espíritu. Ro 10:17; Stgo 1:21.
- Los tuétanos y las coyunturas. Jer 20:8-9; Ro 10:8.
- Discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. Deut. 11:18; Sal 119:130; Hch 16:14.
- Las cosas están descubiertas ante los ojos de Dios. Job 12:22; Jer 23:24; Luc 12:2.
- A Dios tenemos que rendirle cuenta. Mt 12:36; He 13:17; 1 Pe 4:5.
CONCLUSIÓN
El Señor hace en nuestras vidas todo lo que se ha propuesto en su Palabra; Él diseña nuestra vida y también ejecuta la obra. Cada Palabra que sale de la boca del Señores certeza, Él no miente, llega en el momento justo. Toda bendición, paz y seguridad, viene de confiar en ella.