Atentos a las cosas que hemos oído.
Santiago dice que todo hombre sea pronto para oír. ¿Para oír qué? Para oír la Palabra de Dios. Después que hemos sido engendrado por su Palabra, comenzamos una nueva vida, en una nueva relación con Dios, entonces, tenemos que crecer espiritualmente por ella poniendo atención a lo que ella nos manda.
- Prestar atención.
- Necesidad de escuchar. Lc 10:24; Apoc 1:3.
- Lo que debemos escuchar. Lc 5:1; Ef 1:13.
- El no oír. Neh 9:17; Jer 7:24; Jn 12:47-48.
- No deslizarse. Dt 30:17-18; Jn 6:60-61,66.
- Firmeza de las palabras de los ángeles.
- Firme en las palabras. Gé 19:1,12-13,25-26; Ec 5:6.
- Los judíos creían que los ángeles eran mediadores entre Dios y Moisés en el Monte Sinaí. Éx.3:2; Hch. 7:38, 53; Gál. 3:19.
- La desobediencia castigada. 2 Co 10:6; 1 Pe 3:20.
- Castigo de la transgresión. Nu 15:32-36; He 10:28
- Consecuencias de no prestar atención.
- 1 Sam 15:22-23; 1 Co 10:1-11; He 12:25-29.
CONCLUSIÓN
¿Quiénes tienen oídos para oír? Jesús responde (Lc 12:3). No todos tienen oídos para oír, a menos que el Señor abra el entendimiento y el corazón como lo hizo con Lidia (Hch 16:14). Oímos el evangelio porque, Dios abrió nuestros oídos, nuestra mente y nuestro corazón.